MENTIRAS, PARADOJAS Y ENGAÑOS

Luego de haber escuchado toda una catarata de sólidos argumentos esgrimidos por varios representantes de los gobiernos latinoamericanos – salvo el de Colombia –  en defensa del capítulo 21 de la Carta de la OEA durante la reunión del Consejo permanente de dicha organización regional del martes 4 de marzo último pasado para debatir la acción de terrorismo de estado perpetrada el 1º de marzo por el gobierno colombiano en territorio ecuatoriano, poniendo énfasis en la defensa de la inviolabilidad de la soberanía territorial de un país latinoamericano, quienes defendemos de verdad dicho principio y estamos a favor de la solidaridad entre los pueblos nos preguntamos con amargura y bronca: ¿Qué hace en Haití la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití (MINUSTAH)?

 Pues si esos gobiernos latinoamericanos están actuando con total sinceridad, resulta paradójico y, sobre todo, engañoso el envío de tropas militares por parte de ellos para engrosar las filas de la MINUSTAH. Cabe precisar y recordar que la MINUSTAH es, sin lugar a dudas, una fuerza de ocupación impuesta en Haití desde el año 2004 a partir de una decisión emanada del Consejo de seguridad de la ONU al adoptar la propuesta del delegado norteamericano sostenida sobre todo por Francia y Canadá acerca de la necesidad de enviar tropas de la ONU a Haití.

Esos 3 países ya tenían tropas ocupando nuestro país desde marzo de 2004 luego del derrocamiento del presidente Jean-Bertrand Aristide el 29 de febrero de 2004. Así, en junio del mismo año, la ONU reemplazó a esos 3 países – designando a Brasil para dirigir la Misión militar – inventando otra de sus falacias: buscar la estabilidad y la paz en Haití, y brindar también ayuda humanitaria a ese pueblo tan sufrido. Tanta filantropía, si fuera sincera, tendría que  sorprender y conmover a la humanidad entera, ya que jamás la ONU actuó así en ninguna parte. Simplemente se viola de manera no temporaria sino desde hace 4 años la soberanía del pueblo haitiano.

 Por lo tanto, para evitar toda confusión, queremos expresar claramente: los gobiernos latinoamericanos que enviaron tropas para conformar la MINUSTAH, se pusieron al servicio de la injerencia imperialista en nuestro país. Y, al escuchar atentamente los brillantes discursos en defensa de la soberanía del pueblo ecuatoriano, no se nos puede escapar que dichos gobiernos saben muy bien que no puede haber paz, respeto a los DD.HH, políticos, económicos, sociales y culturales de un pueblo, sin un desarrollo independiente y soberano de dicho pueblo y en defensa de las mayorías. Saben que sólo así se podrá alcanzar una paz duradera que supere el espantoso atraso social que caracteriza a la sociedad haitiana.

 Suelen esgrimir en su defensa que el actual gobierno haitiano dirigido por el presidente René Garcia Préval, quien ha sido elegido democráticamente y con una aceptable mayoría de votos, apoya, reconoce y felicita la “brillante labor” de la MINUSTAH, y solicita sin cesar su permanencia en el país por lo menos hasta el final de su mandato. Esto es cierto. Pero habría que preguntar también: si Préval fue elegido en el año 2006, ¿cuál ha sido la autoridad legítima en representación del pueblo haitiano que solicitó en 2004 la entrada de las tropas estadounidenses, francesas y canadienses y luego de la MINUSTAH? ¿Existió alguna movilización popular pidiendo tal intromisión en los asuntos internos de Haití? Ni siquiera hubo una investigación para explicar la caída de Aristide. Según los poderosos que pretenden imponer sus decisiones para dirigir el planeta a punta de sus mísiles sólo en función de sus intereses y objetivos: Aristide renunció ante una rebelión armada imposible de ser derrotada por sus partidarios y que avanzaba sobre Puerto Príncipe, la capital. En cambio, el propio Aristide dice todo lo contrario ya que afirma que ha sido secuestrado por un comando norteamericano que lo condujo al exilio. Pero por más que fuera cierta la información estadounidense, nos preguntamos: ¿la Constitución haitiana plantea lo que se debe hacer en caso de renuncia del presidente? Contestamos por la afirmativa; pero los hechos acaecidos luego de esa supuesta renuncia de Aristide demostraron que los pasos estipulados por nuestra Carta Magna no fueron respetados. En efecto, tropas extranjeras invadieron y ocuparon el país e instalaron un gobierno de facto sumiso, de total y absoluto cumplimiento de las políticas diseñadas por Washington.

Por otra parte, no es superfluo reflexionar acerca del accionar de la MINUSTAH durante esos últimos 4 años. Con un presupuesto superior a los 520 millones de dólares US, esos militares y policías supuestamente solidarios enviados para llevar a cabo tareas de estabilización y ayuda humanitaria cometieron tantas violaciones a los DD.HH., tantos abusos – hasta sexuales sobre nuestras niñas y mujeres – que resulta incongruente y ofensivo que se siga hablando de esos nobles propósitos. Además, creer que la comunidad internacional bajo la batuta del imperialismo norteamericano que ya causó más de 600 mil muertes en Irak desde su invasión a ese país en 2001, y que siembra acciones criminales y terroristas por doquier, está en Haití de manera altruista porque se conmovió – y se conmueve – tanto por el sufrimiento de su pueblo, es un insulto a la razón humana. Con las masacres perpetradas en varias barriadas populares por la MINUSTAH, queda claro que su rol es otro, y ha ganado merecidamente el odio de las masas.

 Ahora bien, al tener en cuenta esas verdades insoslayables y perceptibles para cualquiera que haya visitado Haití en los últimos tiempos, nos preguntamos: ¿cuál es el elemento que explica en su esencia ese comportamiento perverso, contradictorio y, sobre todo,  engañoso, de esos gobiernos latinoamericanos en el caso haitiano?

 Creemos que en la base existe una subestimación por parte de ellos del pueblo haitiano, marcada por un desprecio hacia descendientes de esclavos africanos quienes, sin embargo, supieron emprender primero el camino de la libertad al vencer en el campo de batallas al colonialismo francés. El apoyo solidario, internacionalista, otorgado generosamente por Haití a favor de la causa y la emancipación de varios pueblos latinoamericanos, es conocido por muchos y ya pertenece a las páginas gloriosas de la historia donde se resaltan las luchas por la libertad y la dignidad del hombre. Páginas gloriosas ahora injustamente pisoteadas por gobiernos de pueblos hermanos. Conducta totalmente inadmisible y repudiable, cuando sabemos que la MINUSTAH aplica una estrategia para doblegar y destruir al movimiento popular haitiano.

 En una época tan incierta por el alto grado de conflictividad existente a nivel mundial y regional, nuestra reflexión pretende despertar el interés en quienes tengan un real compromiso con el respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos para tomar en sus manos con acciones concretas el caso haitiano exigiendo el retiro inmediato de la MINUSTAH. Se trata de una acción política necesaria, visto que los estrategas de la MINUSTAH se han negado de manera sistemática a acceder a esa exigencia expresando no sólo su mala fe, sino que pretenden confundir a la opinión pública dentro y fuera de Haití tergiversando la realidad con mentiras y una soberbia insolente que afecta la dignidad de todo un pueblo. En vez de estudiar y analizar las injusticias sociales que constituyen la base explicativa de los conflictos que allí se registran periódicamente, nos plantean que el problema fundamental es cómo actuar para terminar con las bandas armadas de criminales que secuestran, roban y asesinan. Si esto fuera cierto, habría que pedir a la comunidad internacional el envío inmediato de una fuerza mucho más poderosa que la MINUSTAH a Colombia, por ejemplo, o a Brasil para terminar con esas prácticas delictivas sobre todo en las favelas de Río.

Hay que convencerse: la MINUSTAH permite el incremento de la explotación sobre los obreros, los trabajadores y los campesinos pobres haitianos; protege a las clases dominantes haitianas; permite a ciertos países, como Brasil por ejemplo, jugar su rol de “potencia subimperialista”; permite a todos de congraciarse con el imperialismo norteamericano para negociar en mejores condiciones sus asuntos; crea la situación ideal para salvaguardar los intereses imperialistas; e impide la creación de una alternativa popular capaz de tomar el poder para un verdadero cambio. Cambio que ha de realizar un gobierno democrático y antiimperialista capaz de conducir al país en el camino hacia la liberación y un desarrollo nacional y social, independiente y popular.

En este contexto, la MINUSTAH destruye nuestro sentimiento de nación independiente, nuestro orgullo nacional histórico, nuestras tradiciones culturales y populares. Ante tan indignante destrucción de nuestra soberanía nacional y de arrodillamiento frente a los intereses de los imperialistas y de los oligarcas, la única respuesta válida es la rebelión popular organizada. Ante todas las medidas políticas, económicas, sociales y de presión que se desarrollan en contra del pueblo haitiano, nadie de buena fe y sensible a los verdaderos problemas que afectan a los pueblos, puede creer las mentiras que divulgan los gobernantes de Brasil, Argentina, Chile, Uruguay, Bolivia, etc.,  como tampoco puede admitir ese comportamiento no sólo paradójico sino también engañoso de esos gobiernos latinoamericanos en Haití. Si para ellos, hay que respetar la soberanía del Ecuador – posición que apoyamos y defendemos – reclamamos lo mismo para Haití. Pues ningún pueblo digno puede confiar a nadie – ni siquiera de manera temporaria – la gestión de su propia historia.

 

  *Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina