La guerrillera victoria de Simón Trinidad

Con un cúmulo de “pruebas” inventadas, con el concurso del régimen criminal y arrodillado del narco Presidente Uribe Vélez…,  el combatiente bolivariano Simón Trinidad, comandante guerrillero de las FARC, Ejército del Pueblo, fue condenado en Estados Unidos tomando como causa la retención, la captura, de tres agentes de la CIA, Thomas Howes, Marc Gonsalves y Keith Stansell.

“La extradición de Trinidad fue política.
Y la solución
a esto también debe serlo”.

Piedad Córdoba.
(Senadora colombiana).

Este legítimo acto de guerra de resistencia ejecutado por la insurgencia colombiana, al que han dado en llamar secuestro, es el que tomaron, como pudo ser cualquier otra excusa, para sentenciar a 60 años de prisión a un hombre a quien para extraditarlo tuvieron que fabricarle mentiras sobre vínculos con el narcotráfico.

“Esto fue y es un acto de terrorismo, fue un acto bárbaro que atenta contra las leyes de todas las naciones civilizadas”, afirmó el juez Royce Lamberth, al fallar bajo la jurisdicción del Estado más criminal, intervencionista y verdaderamente bárbaro que existe sobre la faz de la tierra, lo que consideró un caso del  “secuestro”. Y estamos hablando del Estado que invadió a Irak y tantas y tantas otras naciones del mundo, asesinando, desapareciendo, él si secuestrando y aterrorizando, a millares de inocentes, inspirado en esa su asquerosidad  del enriquecimiento mezquino que se alimenta de la sangre de los pueblos.

En la promulgación de la que es en la práctica una cadena perpetua para el revolucionario colombiano, el ridículo juez Lamberth, con ínfulas de jurista, argumentó preocupación –falsa por supuesto-,  por las familias de los gringos retenidos expresando con evidente hipocresía que: “ están siendo torturadas y ninguna nación civilizada puede permitir esto. Su sufrimiento no acabará con esta sentencia, pero la severidad de ella quizás disuada a otros de cometer este crimen…”  Como ven, es el cinismo de los carceleros de Guantánamo el que habla…, el descaro de los creadores de la tragedia de los refugiados palestinos, la procacidad de los invasores de Irak y Afganistán…, la desvergüenza de los auspiciantes del paramilitarismo de Estado en Colombia…, la saña de los terroristas atómicos que achicharraron a Hiroshima y Nagasaki. Por eso al condenar a Simón, lo han hecho con la mayor inquina posible, aplicando una pena que jamás antes se había impuesto ni siquiera a los verdaderos narcos que el gobierno colombiano a enviado a Estados Unidos cumpliendo con la apátrida entrega de la soberanía.

Lamberth catalogó a Simón de  “terrorista” en un caso que se trataba en principio como secuestro. Totalmente de la mano del siniestramente bufo fiscal Kenneth Kolh, sin pruebas verdaderas de ninguna índole, contra toda lógica jurídica, su interpretación estuvo empujada por el deseo de condenar la causa revolucionaria de las FARC-EP, valiéndose de cualquier ardid. Se trató de un juicio político, si es que se le puede llamar así a este conciliábulo de farsantes, que se arropan con la toga de la “guerra antiterrorista” y la mendaz “lucha contra el narcotráfico”, para lanzarse contra los dirigentes populares que en el mundo han decidido decirle basta al neoliberalismo depredador.

Lo cierto es que analizando lo ocurrido observaremos que hubo una doble condena, la hecha contra Simón Trinidad y con ella, la hecha contra los prisioneros estadounidenses que están en manos de las FARC-EP.  En el mismo viaje el juez condena  indefectiblemente, también, a los tres señores mercenario que se encuentran en las selvas de Colombia. De ahí que razonables suenen el argumento del brillante defensor Bob Tucker, abogado de Trinidad, quien objetó la condena, no sólo por injusta sino por las consecuencias que conlleva respecto al conflicto colombiano.

Tucker le preguntó al juez sobre cómo una sentencia de ese tipo propiciaría la entrega de los prisioneros gringos que están en manos de la insurgencia: “el mensaje que quedará es que no son posibles los acercamientos con las FARC para hablar de un intercambio humanitario (…). No se puede divorciar este caso del conflicto colombiano. EE.UU. y el gobierno de Colombia lo que quieren es ganar esta guerra”, expresó dejando al descubierto el trasfondo real de este juicio.

Pero, lo paradójico del asunto es que ésta que se convierte en condena para los tres yanquis prisioneros y que pretende serlo para Simón, resulta sobre todo un triunfo para la resistencia antiimperialista en el continente. Ciertamente a Royce Lamberth, o al imperio mejor, le sale el tiro por la culata; pues esta condena, la más alta proferida en la historia reciente de la sumisión que muestra el régimen oligárquico de la provincia grancolombiana de Granada, llevaba la determinación de doblegar al guerrillero. Y no iba a ser, entonces, menos cruel la sentencia porque de lo que se trata es de conseguir a toda costa la rendición del guerrillero, y mediante ella la sumisión y humillación de las FARC-EP. Pero no, la condena a SIMÓN TRINIDAD,  combatiente bolivariano de Nuestra América, se torna en guerrillero triunfo, y no sólo. Ella desemboca en la victoria de la resistencia del pueblo de Bolívar, del pueblo de Martí…., a la arrogancia neocolonialista del imperio de Estados Unidos de América.

No puede haber cuadro más “patético” que el de un imperio criminal doblegado al ejercicio de una ira inocua, empequeñecido a una determinación colérica y de impotencia en la figura de un infame funcionario que ejerce como verdugo cobarde, con la frustración de serle imposible doblegar la dignidad de ese revolucionario agigantado en las adversidades de un sistema que además de ser injusto y venal, taimado e inclemente, al menos cuando se trata de enjuiciar a quienes se revelan contra su criminalidad y las miseria con las  que infesta al mundo, viola sus mismas reglas.

La figura de Simón Trinidad, ahora más que antes, se eleva en las dimensiones de la dignidad, del ejemplo de lo que es ser un revolucionario, un luchador por la emancipación de la Patria Grande…, un genuino bolivariano.

¡Que orgullo tener a hombres y mujeres como este Simón insurgente, este Simón espada, este Simón idea, este Simón de los oprimidos, este Simón que frente al chantaje, al igual que lo ha hecho Sonia, levanta su frente porque sabe que es la frente de los pobres del mundo la que ellos dignifican cuando impiden que se les someta.

Al no inclinarse frente al poder omnímodo y perverso  de Estados Unidos de América…, al mantenerse en pie representando la gallardía y la entereza de los bolivarianos del continente y del planeta…, Simón Trinidad ha logrado vencer en una batalla heroica de ideales y de esperanzas, nutriéndonos de infinita fuerza moral para seguir avanzando.

La magnífica intervención de Simón Trinidad quedará en los anales de la historia  como loa de amor para los pobres del mundo, como un canto  de esperanza para los sedientos de justicia, como una bofetada de arrojo y valentía además, contra el rostro del imperialismo y sus oligarquías lacayas.  Ha sido la palabra de Simón Trinidad, la voz del pueblo que acusa y enjuicia al imperio y a las oligarquías por sus infamias, dándonos la certeza de que al final del camino, más temprano que tarde los humildes de la tierra vencerán.

La voz de Simón ha sido la  negación a la falacia de la lucha antiterrorista del señor Bush, el acicate contra los verdaderos narcotraficantes y asesinos de la Colombia herida, entre los que se cuenta al Varito Corleone  del Uvero, es decir el fatídico presidente Uribe Vélez, y su corte de desinformación que lo coloca engañosamente como el hombre de la popularidad sideral. “Esa es la democracia que tenemos en Colombia, de papel”, ha dicho Simón Dignidad, para luego condenar el intervencionismo yanqui y el guerrerismo de este y sus oligarcas de bolsillo que son los causantes de la tragedia nacional que sufre el hermano pueblo comunero.

“El gobierno y algunos congresistas de este país –dijo Simón refiriéndose a Estados Unidos-, no comprenden que este conflicto tiene raíces económicas y sociales”, puntualizando con fervientes consignas que abren nuevos horizontes de combate por la emancipación y la definitiva independencia: “Viva Marulanda, vivan las FARC y viva Bolívar”…. Viva, en fin, viva el proyecto soñado de la patria grande y el socialismo, fue la arenga de regocijo y convicción, haciendo tronar su rebeldía en la corte yanqui, con una voz inquebrantable en la que quien gritaba era  el pueblo de ésta América a la que Martí llamara nuestra, esta América que Bolívar quería unida como “esperanza del universo”…. La voz de Simón trinidad es la voz victoriosa del pueblo explotado y vilipendiado de los pueblos del continente en conocimiento de que por grande que sea la perfidia de los yanquis jamás podrán doblegarnos si existe la dignidad, la convicción en la justeza de nuestras luchas.

Por la Patria Grande y el Socialismo.