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Por ABP Colombia.

Terrorismo de Estado en Colombia:

MONSEÑOR VIDAL EL TRAQUETO, RUMBO HACIA DONDE TISÍFONE

En todo este escándalo de la llamada narco-para-política ya es extraño que ninguno de los altos prelados de la iglesia católica salga suficientemente a flote. Debe ser que no pocos están muy en el fondo del fango hediondo de las atrocidades del Terrorismo de Estado, en tanto que, al portarse tan mal,  teniendo la misión de ser los “representantes” de Dios en la tierra, su pecado es mucho más reprobable que el de cualquiera otro de los criminales que azotan nuestra patria.Cómo no mirar, por ejemplo, hacia la figura demoníaca de Monseñor Julio César Vidal, del que se dice que notoriamente tenía identidad y cooperación con el paramilitar Andrés Angarita, hasta la época en que fue asesinado, presuntamente como consecuencia de su intención de divulgar los nexos de los paracos con los políticos de Córdova. Angarita fue el segundo al mando de Salvatore Mancuso y en alguna elección fue propuesto por Zulema Jattin como candidato dentro de su lista de aspirantes a la cámara. Vidal, asqueroso Lucifer disfrazado de obispo, bien puede ser una “insigne” representación del averno terrenal en que se ha convertido esa miríada  de malhechores que en gran medida componen el alto clero colombiana; esos demontre  que nunca abren la boca para condenar toda la guerra sucia que bien saben de donde surge y que bendicen, deben tener también su castigo; si no el de los jueces, por lo menos el de su propia conciencia.Y bueno, quizás porque mucho han sabido siempre y su silencio es más que complicidad, o porque están embarrados  por completo, es que su posición se pone del lado de los genocidas, guardando eso sí las apariencias, claro está.Aquí, al que le caiga el guante que se lo chante, como dice el dicho popular. Pero el que no se sienta aludido bien pudiera ya abrir la boca para poner las cosas en claro sobre cómo es que está las cuentas dentro de esa parte del poder permanente que es la iglesia católica en Colombia, pues hasta el momento la mudez que los caracteriza,  frente a los sufrimientos del pueblo,  los condena. Si hay excepciones son muy pocas, y de seguro ya es hora de que comiencen a resplandecer coadyuvando a la justicia que tanto reclama el pueblo.

Rasgándose las vestiduras Julio César Vidal Perdomo, ha estado “alertando” a los fieles sobre el caos de ilegalidad que ha surgido con la bonanza cocalera en el Paramillo: ha proliferado la prostitución, la muerte y la desolación. “Hay miedo en la población y el pueblo está triste, llora y está preocupado”, dijo  en alguna ocasión  mostrando falsa preocupación, como si la gente no supiera que él es uno de los auspiciantes de semejante situación, ya en la era Mancuso o ya en la ficticia nueva era de los Traquetos. Nunca antes se alarmó el famoso Monseñor frente a los crímenes cometidos por los protagonistas del contubernio Castaño, Mancuso y altos funcionarios públicos de Tierralta. Ahí en esa región sigue operando la misma mafia con la santificación de la iglesia que dirige Vidal Perdomo junto a los asesinos de los llamados bloques Sinú y San Jorge que nunca han dejado en verdad las armas, que nunca han dejado el narcotráfico y que ahora actúan con el nuevo seudónimo de “Los Traquetos”, contando además con la financiación que les viene del erario público.
Esta es la misma mafia a la que pertenece la representante Eleonora Pineda; la misma mafia que al tiempo que diseminó la producción de cocaína y todos los males sociales que derivan de dicha economía devastó El Parque Natural de Paramillo, e infestó de asesinos el escenario de Tierralta, Puerto Libertador y Tierradentro.

Definitivamente, lejos están los días en que la cara de la iglesia católica resplandecía dignidad en personas como el sacerdote jesuita Sergio Restrepo Jaramillo, defensor de los indígenas y campesinos de Tierralta. Ahora ha habido una transmutación, al menos en lo que corresponde a la cúpula arzobispal. Si existiera el infierno todas sus calderas no serían suficientes para quemar sus pecados. Ni una sola condena contra el paramilitarismo, ni una sola contra el Estado terrorista…; nada en realidad a favor de los dolientes, sólo consejas para los fieles e infieles recomendándoles la resignación; sólo admoniciones para quienes se atrevan a levantarse contra la opresión: son el somnífero para que nadie levante la ira contra sus copartidarios de malevolencia.No tienen remordimientos, han perdido la visión de Dios y la felicidad del cielo en la que supuestamente creen. Alguna vez dijo el fulano monseñor, cuando los “reinsertados” no veían el cumplimiento absoluto a sus extravagancias, y por ello amenazaban romper el “diálogo”: "Estos inconvenientes no tienen que sorprender a la opinión pública, se está en un proceso que no necesariamente pone de acuerdo a las partes en forma inmediata. Estos diálogos no son lineales, sino sinuosos, lo importante es saber salir de las crisis, de ahí mi llamado a los antiguos comandantes para que guarden cordura, a que tengan paciencia y mantener la confianza en Dios". Y claro, confianza debían tener contando con semejante representante frente a los ojos del Divino.
Librarnos debe pronto el destino de este sujeto, o este tipo de sujetos mejor digamos, porque son muchos los de su laya, con estómago de demonio, que no es el averno siquiera lo que merecen porque de seguro que como en el Diablo Cojuelo de Luís Vélez de  Guevara, a estos no les importunan los genocidios hechos por las bestias que tienen su bendición como no le deben perturbar las maretas del infierno. Este Monseñor Vidal si que es una verdadera sabandija nacida para desacreditar la naturaleza. Ya huele a chamusquina, pues su destino parece desde ya, por sus baldones a la dignidad humana, garantizarse como un nido de llamas, no para pasar una temporada, sino para dejarlo hasta siempre. Que se alcen hasta la eternidad las llamas de la ira popular con este miserable entre el fuego, de seguro es el deseo de los sufridos hijos de Colombia contra este sujeto que jamás levantó su voz con tanta vehemencia por los desaparecido, asesinados y desplazados a manos de los paracos, como sí lo ha hecho pidiendo por la suerte de Salvatore Mancuso; hasta eucaristía especial le hizo en Montería.
Si alguna alegoría pudiéramos dedicarle no podría ser otra que la que contenga no sólo retórica sino hechos de maldición justiciera. Indudable es que ni el Dante pudiera idearles un destino suficientemente aciago por tanta maldad como castigo a estos miserables que han aprendido es a hacer la “eucaristía” satánica de tragarse las carnes de sus despresados con motosierra y tomarse la sangre toda de sus víctimas de horror, siendo indiferentes con el duelo de los pobres. Ofenden a Cristo con sus prácticas de Leviatanes.
Si algún carro alegórico  montan estas bestias no es precisamente el de Fronesis, pues no es para el cielo el lugar donde debe conducirlos su macabra comunión con los Mancusos y Jorges 40’s. No tiene el carro de la iglesia de estos malhechores, las virtudes teologales del de Aliguieri, y con certeza su lema es el de la concupiscencia.
Cuanto bueno sería que el miserable obispo y, digamos que sus similares para no nombrar  a los tantos infames del alto clero, recordaran de la Eneida la descripción del infierno que hace Virgilio: “Aprended la justicia amonestados y a no menospreciar á las deidades…” Obispos miserables que venden su patria por el oro imponiendo déspotas contra el pueblo;  Ustedes han hecho y deshecho leyes por dinero; “Todos tentaron, consumaron todos crímenes horrorosos. Si tuviese cien lenguas yo, cien bocas y voz férrea no pudiera nombrar tanto delito ni pena tanta”, miserables de falsa comunión. El peor infierno se merecen  para ver si controlan su avaricia de sangre.
Sin temor a Dios debemos decir que en esta horda de militares, paramilitares, políticos mafiosos, prelados del tipo del fulano monseñor…, todos,  todos son cucarachas del mismo calabazo; de ese mismo calabazo al que pertenece el señor Santiago Uribe y sus “doce apóstoles”; de ese mismo calabazo al que pertenece el “señor” Presidente.
 
Ningún temor ha de costarle a estos prelados seguir bendiciendo las armas de los batallones como las de los paracos que han desangrado la patria. Capellanes de la muerte, secuaces de  Mancuso y del terrorismo de Estado, responsables como los peores, de los millares de desaparecidos, asesinados y vejados. Santificadores de la ley de justicia y paz, ese vergonzoso libelo de la impunidad, que garantiza que lo más que puedan pagar los paracos como ridícula condena sean ocho años de “prisión”, descontándoles además las vacaciones en Ralito y demás clubes “carcelarios” donde han permanecido. Por su cuenta los principales articuladores de esta política y su ejecución comen hostias de su mano y rezan el rosario de la miseria del pueblo. Pero ya les llegará la hora a estos bandidos sotanudos cuando caigan de bruces en brazos de las Erinias. Ya los veo yendo directo hacia donde Tisífona, la vengadora del crimen, está sentada…, ceñido  el cruento peplo, velando noche y día el pórtico. De allí gemidos se oyen sonar y fieros golpes y de hierros estridor y arrastrar.

 


 

     

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