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Por ABP Colombia.

Terrorismo de Estado en Colombia:

LA NARCO-PARA-POLÍTICA
Ó EL PODER PERMANENTE EN LA ENCRUCIJADA


El führer de Salgar, el impúdico presidente de mafioso talante que gobierna en Colombia, sigue dando sobradas muestras de no importarle un comino el repudio que generan sus falsedades, felonías y escalamiento de la guerra.
Nada lo hace sentar un juicio que beneficie al país, parece no importarle un bledo el clamor de los familiares de los prisioneros de guerra por el intercambio humanitario; ni el dolor de los millones de desplazados que todo lo han perdido; ni la tragedia humanitaria suscitada por el terrorismo de Estado que ha diseminado fosas comunes al por mayor en las que se han descubierto millares de cadáveres victimados por militares y paramilitares… Nada, nada parece hacerlo entrar en razón, o al menos en la razón y en la lógica que exigen las mayorías de colombianos que claman paz y justicia social. Por eso no es de extrañar que frente a los innumerables escándalos de lo que hoy han dado en llamar “narco-para-política”, él se haga el dispensado, así salgan a flote hechos criminales como la activación del paramilitarismo que hiciera desde los tiempos en que era gobernador de Antioquia, o las denuncias de las actividades delictivas de los “Doce Apóstoles” del terror que lideraba su hermano Santiago, y que eran los que bajaban el pulgar cuando de asesinar dirigentes populares se trataba; o hechos como el monumental fraude electoral orquestado por el Das y los paramilitares para llevarlo y mantenerlo en el poder (estamos hablando del mismo DAS del señor Noguera, que hacía las listas de candidatos a ser asesinados por Jorge 40) …

Uribe se cree protegido por el demonio de la impunidad. No parece importarle que su ministra canciller sea cuota de Rodrigo Tovar Pupo  (que es el mismo Jorge 40 el destripador), o que ya hallan encarcelado al parlamentario hermano de ella por ser agente activo del paramilitarismo en el departamento del Cesar. Igual Uribe la sigue apoyando, (o cuando salga esta nota tengamos que decir que la apoyó tercamente hasta cuando por su propio peso se derrumbó), como de manera desvergonzada otrora defendió al Director del Das, o al general asesino Rito Alejo del Río. Parece que todo lo que indigna al pueblo, ni le va ni le viene. O de pronto sí le va y sí le viene, pero se hace el inmune, así sepa que todos sabemos que en esta etapa del terrorismo de Estado él, Álvaro Uribe, es uno de los principales artífices.

Es posible que la frescura de Uribe, obedezca a que está seguro de que mientras su caída dependa en exclusivo de las instancias del Estado colombiano, ello no ocurrirá, sencillamente porque las tantas complicidades criminales que pululan dentro de las instituciones, lo hacen imposible. No olvidemos que el Estado colombiano de estos tiempos representa  los intereses de una oligarquía que hoy en día  es mezcla de elites “de cuna” con ricos que se han hecho tales a través del narcotráfico y otras prácticas criminales.

En tal potaje de mafia se han fundido  aquellos que se creen estar por arriba del bien y del mal, con patente de corzo, como gente de horca y cuchillo…, “intocables dueños del país”, “gracias” a la configuración de un modelo económico impuesto por Washington y que ha llevado al estancamiento la producción nacional.

El imperialismo es artífice de toda nuestra tragedia nacional, pero con él va de la mano la oligarquía mafiosa, arrodillada al imperio, también mafioso, que a costa de la sangre y el bienestar del pueblo ha zurcido la trama neoliberal.

Para nadie es un secreto que el mismo Uribe ascendió en su carrera política impulsado por el Cartel de Medellín, cartel de cocaína valga decir, y que desde esa misma plataforma ayudó a estructurar y fortalecer los grupos paramilitares. Como tampoco es un secreto que fue fundamental el apoyo de Washington para que El führer de Salgar llegar a la Presidencia. Y este es sólo un ejemplo de lo que es esa mezcolanza de magnates halcones yanquis, aristócratas, viejos y nuevos oligarcas, ladrones de cuello blanco, etc., etc., etc., que hoy controla el Estado.

No obstante el poder que tienen, se evidencian ya en su seno profunda descomposición y contradicciones, así sus encumbrados integrantes, aparenten estar por fuera -como ocurre con los grandes cacaos del empresariado y el capital financiero-, que parecen ver los toros desde la barrera, “abismados” muchos, y con ellos sus altavoces en la gran prensa, quienes de ensalzar a Uribe y a sus secuaces, ahora pasan a posar de preocupados por la suerte del país, como si ellos no fueran también responsables principales  de los crímenes de lesa humanidad y lesa patria cometidos con tanta saña.

Ahora bien, nada de improbable tiene que el imperio junto a estos cacaos o sin ellos, decida sacrificar todo un estrato de la oligarquía lacaya, incluyendo a Uribe. Tal medida no es extraña a las prácticas del imperio yanqui en su historial de intervencionismo filibustero. Existen pruebas fehacientes de que al imperialismo le importa un pepino sacrificar a sus sirvientes para relegitimar el poder permanente con tal que no se lesionen sus intereses.

También Uribe y muchos otros podrían caer como chivo expiatorio por conveniencia y por iniciativa de quienes en las más altas instancias del poder permanente parten el jamón. Eso sí, nunca fuera de la bendición de Washington. Pero en el marco de la banca rota en que poco a poco parece estar entrando ese poder permanente en Colombia, cualquier decisión del imperio lleva consigo como preocupación principal, la de que el tirano caiga como consecuencia de la acción combinada de la resistencia insurgente con las masas; como consecuencia del levantamiento generalizado de esa gente del pueblo pueblo que tanto ha sufrido el rigor de la guerra sucia y el terrorismo de Estado. Todo eso lo tiene claro Washington, como también debe tener claro que por más planes de intervencionismo y de avance colonialista que conciba, cada día se crecerá más y más en Colombia como en cada rincón de Nuestra América, el fuego bolivariano que más temprano que tarde acabará con su ignominia.

 

     

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