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Haiti

OCUPACIÓN A VIL PRECIO


En referencia a la ocupación militar que padece hoy Haití en pleno corazón de nuestra sufrida América, recientemente el diario La Razón de Bolivia publicó una “curiosa” nota, por llamar de alguna manera a la triste y lamentable realidad que ella refleja.
La nota en cuestión, fechada el 16 de abril del presente año, alude a la intervención de los cascos azules bolivianos en Haití a través de la llamada MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) impuesta desde el 1º de junio de 2004. Cabe recordar que esta Misión “de imposición de paz” nació de una resolución de las Naciones Unidas del 30 de abril de 2004 en cumplimiento de las directivas-principalmente- del imperialismo norteamericano, el que de esta manera puede seguir ejerciendo directa hegemonía sobre la situación política de Haití, en complicidad con las élites haitianas caracterizadas históricamente por una conducta reaccionaria extrema.
Pero volvamos a la nota. Ud. se preguntará a qué aludió en la misma el General del
Ejército de Bolivia, Freddy Bersatti.
¿Trató, quizás, de justificar la actuación de los cascos azules con las clásicas mentiras sobre “los grandes progresos” que están haciendo las tropas de ocupación, para repetir las palabras de la cínica ministra de defensa norteamericana, Condoleeza Rice?
NO. Esta vez no hubo algo de eso. En esta ocasión, cansados tal vez de tanto fingir, el tema quedó enfocado hacia otra dirección, revelándose el miserable espíritu mercantilista, mercenario, que anima a los soldados que por un puñado de monedas hacen el trabajo sucio que EE.UU delega , asesinando a mujeres , jóvenes, ancianos y-lo más repugnante- a los inocentes de toda inocencia: a los niños; pobres todos ellos, de las barriadas populares a las que asolan con sus tanques y fusiles de asalto. Dinero manchado con sangre. Siempre pagando los justos por los pecadores.
Como una bofetada a la dignidad humana, la nota tipea la reflexión del general Bersatti que lanza con absoluta naturalidad: “¿cómo me voy a oponer a que ganen más?”.No vaya ud. a creer que se refiere a la clase trabajadora haitiana. No.
Es que el artículo informa que “en los últimos meses, surgieron observaciones respecto de los salarios a los contingentes de paz, ya que sólo reciben 700 dólares de los 1.028 que desembolsa para cada efectivo la O.N.U”.
Además, el general Bersatti opina que “es importante continuar con estas Misiones ya que le permiten al Ejército disponer de recursos económicos para atender varios de sus requerimientos porque el Estado sólo les ofrece un presupuesto de sobrevivencia”
Ellos preocupados por la sobrevivencia……no justamente de la especie humana, claro.
Le pregunto a ud. que lee esta información: ¿qué sentimientos le despierta todo esto? ¿No piensa, junto conmigo, que el destino y la soberanía de un pueblo se convierten en un negocio para algunos?
Es grave, vergonzoso y doloroso.
Los Presidentes de Bolivia, Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, etc., mandan sus Ejércitos a un país hermano para asegurarse las buenas relaciones con los yanquis defendiendo intereses mezquinos. Sus Ejércitos reclutan soldados seducidos unos y otros, por las ventajas económicas….¿y quién piensa en el pueblo haitiano?
Porque hasta ahora, en Haití las cosas no van mejor. Siguen intactos el hambre, la desocupación, la corrupción. La paz es una utopía. La inseguridad y la violencia, junto con otras lacras de la dependencia, son inherentes a un modelo económico que ha tocado fondo, ya que las estructuras socioeconómicas de la sociedad haitiana en su conjunto han colapsado. La inmensa mayoría se hunde cada día en el pantano de su miseria colectiva.
Y como si sus males no fueran suficientes, encima la injusticia de la ocupación….disponible a vil precio.
Sres. Presidentes latinoamericanos: si realmente quieren “imponer paz” en algún lugar, impónganse primero a uds. mismos paz en sus conciencias: traigan de regreso sus soldados a casa , háganse cargo de ellos. Enséñenles que no se es soldado para ir a matar por una paga extra a indefensos pobres. Incúlquenles el primer sentido del deber de un soldado patriota: la defensa de la propia soberanía, que implica, necesariamente, el respeto por la soberanía ajena y por el principio de autodeterminación de los pueblos.
Dejen al pueblo haitiano encontrar su propia paz, la verdadera, la única posible: la que surge de la liberación de toda forma de opresión.
Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina
15 de mayo de 2007

 

     

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