CCB Argentina
FUERA LA MINUSTAH DE HAITÍ
El 1º de junio último pasado, se han cumplido tres largos años de ocupación para el pueblo de Haití. La llamada MINUSTAH (Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití) surgió como consecuencia de las directivas dadas por el imperialismo norteamericano en el seno del Consejo de Seguridad, el que procedió - obediente y obsecuente como siempre - a dictar las Resoluciones 1529 y 1542 que hicieron efectiva esta injusta, denigrante y avasalladora intervención a un país de la región asolado por profundos conflictos políticos derivados de una situación crónica de desigualdades sociales. Es decir, si se pretende obrar de buena fe en el caso haitiano, se debe señalar en primer lugar aquella conducta que caracteriza al imperialismo estadounidense en su relación con Haití, como el país más dependiente del continente: la permanente injerencia, favorecida por la conducta servil de las clases dominantes locales y de los organismos internacionales. A lo que hay que agregar ahora, en este siglo XXI, la complicidad de los gobiernos latinoamericanos que participan en esta invasión a un país hermano.
Para llegar a la ocupación actual, en esta obra dramática que es la historia de Haití, plagada de momentos gloriosos y terribles, el pueblo debió sufrir el secuestro - porque de eso se trató - de quien era su presidente legítimo: Jean-Bertrand Aristide. Estamos hablando del mes de febrero de 2004; y, por supuesto, Estados Unidos fue el autor principal del hecho, defenestrando por segunda vez al mismo presidente tal como lo hiciera allá por el año 1991. A partir de ese secuestro, y mientras los marines se adueñaban de la capital, Puerto Príncipe, junto a su socios canadienses, franceses y chilenos, aceptó ser colocado en el gobierno como una caricatura de presidente, (algo común en la trayectoria de tantos políticos ineptos y funcionarios de los distintos poderes del Estado, inescrupulosos y entreguistas), un tal Boniface Alexandre (Presidente en aquel entonces de la Corte de Casación), y como Primer ministro "dibujaron" a otro tal Gérard Latortue, éste traído al efecto directamente desde el país del norte.
De esta manera, con los títeres en sus puestos el escenario quedó preparado para el posterior desembarco en Haití de los invasores de la MINUSTAH, y uno no puede evitar pensar, con cada nueva ocupación, en lo ocurrido varios cientos de años atrás cuando Colón pisó suelo Americano en esa misma parte de la isla, bautizándola "La Hispaniola" e inaugurando con ese acto una de las etapas más tristes en la historia de la humanidad: la de la brutal colonización, con la ignominia del pillaje de riquezas, el genocidio y etnocidio de pueblos originarios enteros y la esclavización de seres humanos provenientes de África. Sólo que en este caso, claro, la MINUSTAH no está para dar nacimiento a un modelo de opresión sino para mantenerlo.
EL ROL DEL IMPERIALISMO Y SUS LACAYOS
La situación actual de Haití, sin embargo, no es nueva para la experiencia de su pueblo; lamentablemente, hay que decir que, a través del tiempo, ha debido afrontar sucesivas ocupaciones, siete en total, protagonizadas directa o indirectamente por este moderno "Colón" que es el imperialismo norteamericano, siendo la más larga de ellas la primera, iniciada a principios del siglo XX, entre los años 1915 y 1934, veinte años casi que sirvieron para sentar las bases de un modelo neocolonial caracterizado por un capitalismo dependiente exacerbado; modelo que, al generar un intercambio desigual con los países centrales , un extremo sometimiento a los intereses del imperialismo por parte de los sucesivos gobiernos locales (corruptos y violentamente reaccionarios casi todos), una total sordera o incapacidad para atender las mínimas demandas populares, y la consiguiente concentración de la riqueza en manos de unos pocos adentro del país, ha determinado que Haití sea hoy un Estado que ha colapsado, que requiere impostergables cambios radicales, que el pueblo reclama desde hace décadas.
Quizás éste sea un momento crucial en su lucha por su liberación de los factores subjetivos y objetivos que lo oprimen, lucha que tarde o temprano deberá desembocar en la conquista de su segunda y definitiva independencia. En este sentido, creemos que la ocupación de Haití, al ser, como toda ocupación, un engranaje más en la maquinaria de dominación con el agregado de ser impuesta con el principal objetivo de reprimir a las masas populares evitando la instalación de un gobierno revolucionario capaz de superar el populismo de Lavalas, sin siquiera intentar engañar a la pobreza con algunos parches, puede resultar un arma de doble filo para los agresores imperialistas y sus lacayos, y servir de puente para que se produzca un salto hacia niveles superiores de conciencia y lucha. No hay que subestimar a los pueblos.
Al mismo tiempo, estamos persuadidos de que existe hacia Haití un sentimiento imperialista de revancha, en el que se entremezclan los intereses del capital con la xenofobia y el racismo. En este punto, nos parece muy ilustrativo lo que dijo sobre Haití en una oportunidad el imperialista ex Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, Franklin Delano Roosevelt: "en Haití es necesario constantemente levantar a los pobres contra la gente acomodada y poner a la gente acomodada en estado de destruirse entre sí. Es la única manera para nosotros de tener predominio continuo sobre este país de negros que conquistó su independencia por las armas, lo que es un mal ejemplo para los negros de Estados Unidos de América"…...Semejante ejemplo de valor y dignidad dado por la primera y única revolución antiesclavista triunfante en la historia de la humanidad, primer país independiente de América Latina, luz de esperanza para los pueblos del continente que luchaban por su emancipación, son hazañas en fin que, realizadas por "negros", resultan cosas imperdonables para un colonialista.
Pero volvamos a la época del Sr. George W. Bush. Como el actual presidente norteamericano tenía las manos ocupadas asesinando en Irak y Afganistán y enfrentando allí a una resistencia popular cada vez más feroz, decidió recurrir a un concepto de moda, "la globalización", para inaugurar una nueva modalidad de fuerza de ocupación: "la ocupación globalizada", encarnada en la MINUSTAH bajo mando militar de Brasil y con el objetivo declarado de "imponer la paz" a través de 7.200 militares y unos 2.000 policías fuertemente armados. Dicha ocupación originariamente nació con mandato por seis meses prorrogable por otros dos lapsos iguales. Tiempo después, la Resolución 1702 fijó como fecha límite el 15 de febrero de2007, la que quedó sin efecto al surgir un pedido de prórroga, en una reunión efectuada el 12 de febrero último pasado en Lima entre los vicecancilleres de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú y Uruguay. Pedido que efectivizó la ONU al resolver que la Misión debe continuar en Haití, al menos, por dos años más……y van sumando….
Pero para hacer referencia a la postura asumida por estos países latinoamericanos, que han aceptado cumplir el lamentable papel de ocupantes de un país hermano, es necesario hacer un serio capítulo aparte.
EL ROL DE LA MINUSTAH Y DE LOS PAÍSES LATINOAMERICANOS
Debemos partir de una verdad que alguna vez habrá de salir plenamente a la luz: la MINUSTAH no está en Haití para cumplir ningún rol humanitario, de mantenimiento de la paz para favorecer el desarrollo de la democracia. Que esto quede claro desde el principio. Semejantes argumentaciones esgrimidas por el ocupante no son más que mentiras que encubren lo que en realidad sucede en Haití desde hace casi tres años. Y lo que sucede es una tragedia más. Vayamos a los datos. Una publicación de HAITI ACTION COMMITTEE del día 28 de diciembre de 2006 , informa que "en la madrugada del viernes 22 de diciembre, desde aproximadamente las 3 de la mañana, 400 soldados de las fuerzas de ocupación de la ONU, dirigidas por brasileños, realizaron un masivo ataque contra la población de Cité Soleil (la más grande barriada popular del país situada en Puerto Príncipe con más de 300.000 habitantes), sitiando una vez más a esa comunidad empobrecida”……que “fue una operación de la misma escala que la masacre de la ONU en la misma Cité Soleil del 6 de julio de 2005…." El informe de HAITI ACTION da un pormenorizado detalle de los hechos, y del número de víctimas en las vísperas de la última Navidad: "los primeros informes periodísticos hablaban de por lo menos 40 víctimas, todas civiles"…. “un fotógrafo de Reuters contó 9 cuerpos y testigos presenciales contaron 4 más”…..”un observador de derechos humanos haitiano contó por lo menos 17 cadáveres. Este testigo también informa que una mujer embarazada de 6 meses recibió tiros en el estómago, matando a su hijo”….”un hombre, y su hijo de 8 años, estaban en sus camas cuando un helicóptero acribilló su casa, hiriendo a ambos”... “un hombre llamado Jacquelin Oliver fue muerto en su cama cuando las balas perforaron las paredes"……." . La AGENCE HAITIENNE DE PRESSE (AHP) por su parte dijo que "los residentes de Cité Soleil informan sobre daños muy serios a la propiedad y que existe preocupación de que pueda desarrollarse una crítica escasez de agua porque las cisternas y los tubos de agua fueron agujereados por los disparos”…..”Residentes locales dicen que las víctimas fueron ciudadanos normales cuyo único crimen fue que viven en el vecindario atacado. Según Pierre Alexis, Coordinador de la Cruz Roja Haitiana para Cité Soleil, los soldados de la ONU impidieron que la Cruz Roja Haitiana atendiera a niños heridos durante el ataque".
Luego de leer noticias como éstas y, peor aún, de observar las imágenes del horror perpetrado por los tanques y fusiles de los soldados latinoamericanos en los cuerpos masacrados de niños, hombres y mujeres, uno se pregunta: ¿con qué cara pueden tratar después de justificar estas barbaridades? Da mucha bronca, impotencia e indignación. Está visto que para los gobiernos de América Latina que envían a sus hombres a matar inocentes en Haití, el respeto a los derechos humanos les importa un bledo…….para ellos en Haití solo hay desechos humanos.
Hasta ahora, ni las denuncias de los organismos internacionales, ni las de los activistas populares, ni las protestas de la población, han podido sensibilizar la conciencia de los gobernantes latinoamericanos, empecinados vilmente en cumplir con el trabajo sucio impuesto desde Washington en pro de intereses propios. A su vez, los ejércitos se confiesan seducidos por las ventajas económicas de las Misiones de este tipo, no importa si el valor en dólares que reciben es, en definitiva, a cambio del valor de las vidas humanas que ellos pisotean.
CONCLUSION
El desafío que enfrenta el pueblo de Haití es muy grande; llevado, desde los lejanos días de la gloriosa revolución triunfante de 1804, a un progresivo empeoramiento de las condiciones de existencia hasta ser colocado entre los países más pobres del planeta y el más pobre del hemisferio, por una serie de factores internos y externos que hasta ahora no han podido ser revertidos. La responsabilidad de quienes luchan por el cambio es muy grande, y los errores del campo popular se pagan caros en Haití. En un país donde más del 80 % de la gente vive en la extrema pobreza, la expectativa de vida es de 50 años, la mortalidad infantil es de 80 por mil -según varios datos internacionales -, el desempleo alcanza el 70% de la población activa, los servicios públicos elementales no son proveídos, y la salud y la educación son privilegios de unos pocos, choca aún más ver el confort de las fastuosas casas, los autos caros, los viajes, la forma de vestir y lo que come el puñado de ricos que vive en la isla como en otro mundo.
Ninguna de estas injusticias, ni la más mínima de ellas, ha sido revertida desde que la MINUSTAH está allí. Es que eso es sencillamente imposible, no es su rol. Si las circunstancias no fueran tan trágicas, daría risa cada vez que se los escucha declarar que su objetivo principal es perseguir a los "bandidos que generan la violencia con los robos, asesinatos y secuestros que cometen". Tales hechos ocurren, en efecto, pero provienen de todos los sectores, incluidos el de los policías haitianos corruptos y el de los ricos, y que se sepa, la ONU nunca entró a un barrio pudiente a cometer las matanzas que cometió en Cité Soleil. En este marco, el actual jefe de Estado, René Garcia Préval electo en febrero de 2006, ha demostrado hasta el momento una absoluta incapacidad y un humillante servilismo. No ha soltado ni una sola palabra de reprobación hacia el accionar de la MINUSTAH. Por el contrario, el Primer ministro que lo acompaña, Jacques Edouard Alexis, se reunió en Washington con la Secretaria de Estado, Condoleeza Rice, para cantar loas a la MINUSTAH. Lugar adónde también acude Préval en busca de posibles migajas de ayuda económica y a firmar acuerdos que no favorecen sino a los norteamericanos. El pueblo haitiano está casi solo. Decimos casi, porque aún lo acompaña su propia fuerza, aquella que buscan debilitarle cada día un poco más con miseria y represión. También, justo es decirlo, hay hombres y mujeres de buena voluntad, luchadores en todas partes que, aunque no son tantos, no decaen y acompañan al pueblo haitiano en sus esperanzas de un destino mejor. A ellos les decimos gracias; como no podemos menos que agradecer a los gobiernos de Cuba y Venezuela, por su auténtica solidaridad, aún cuando entendemos que en la actual problemática haitiana estos gestos pueden ser un elemento de confusión en el seno del campo popular, sobre todo cuando ellos reciben y apoyan a Préval como si fuera un dirigente progresista.
Henry Boisrolin
Coordinador del Comité Democrático Haitiano en Argentina
Junio de 2007