Leonard Peltier
De
los crímenes
que se cometen en los intestinos del monstruo poco o nada se habla.
Como Coordinadora Continental Bolivariana nos sentimos comprometidos
en hacer todo lo posible para que los incesantes gritos de justicia
emitidos por los presos políticos desde el interior de
sistema carcelario Norteamericano se escuchen, motivando la solidaridad
y las acciones que permitan su inmediata liberación.
Siguiendo nuestra preocupación, transcribimos textualmente
el prefacio del libro “Escritos desde la Cárcel”
de Leonard Peltier el cual nos da una imagen de las injusticias
a las que se ha visto sometido este luchador desde hace mas de
25, solo por el único delito de ser indio y sentirse orgulloso
de esto.
-Trascripción
de el prefacio del libro “ Escritos desde la Cárcel”
de Leonard Peltier, de la editorial Ciencias Sociales de Cuba.-
De
Ramsey Clark
Abogado de Leonard Peltier
Y ex fiscal general de los Estados Unidos
Quiero
explicarles por qué es tan importante la libertad de Leonard
Peltier.
En
el Planeta hay bastante más de 200 millones de indígenas,
quizás hasta 300 millones. Viven en seis continentes y en
incontables islas. Y en todas partes son la especie humana en mayor
amenaza de extinción. Sin embargo, la supervivencia de la
humanidad depende de su salvación.
Leonard
Peltier es el símbolo de esa lucha. Me aflige, entristece
e indigna que tantos estadounidenses hayan olvidado, o quizás
no sabido nunca, quien es y qué representa. Si lo olvidamos,
olvidamos la lucha en si. Curiosamente, es más conocido fuera
del país-en Europa, en el Canadá, en América
del Sur, en Asia y África-que aquí. Personas Progresistas
de todo el mundo ven en él la lucha de todos los pueblos
autóctonos por su vida, su dignidad, su soberanía
y su futuro. Y preguntan: ¿cómo puede este hombre
haber estado tanto tiempo en la cárcel cuando quienes lo
retienen conocen de su inocencia? Aquí, en los Estado Unidos,
su voz y el apremiante mensaje de los pueblos indígenas de
todas partes han sido apagados cuando no silenciados. Quienes lo
pusieron entre barrotes –e insisten en mantenerlo allí
después de casi un cuarto de siglo- creen haberlo enviado
al basurero de la historia. Junto con la causa de todos los pueblos
indígenas. No debemos permitir que esto continúe.
Pienso
que puedo explicar mas allá de toda duda fundada que Leonard
Peltier no ha cometido delito alguno. Incluso de haber sido culpable
de disparar el arma que mató a dos agentes del FBI –y
es Seguro que no lo hizo- habría sido en defensa propia y
en defensa no solo de su pueblo, sino del derecho de todas las personas
y pueblos de ser libres de la dominación y la explotación.
Ni un solo testigo creíble dijo haber visto a Leonard apuntar
a alguien aquel trágico día de junio de 1975 en Oglala,
en la reserva de Pine Ridge en Dakota del Sur. No Hubo prueba alguna
de que matara a alguien, salvo pruebas inventadas y puramente circunstanciales.
Entre
las muchas, muchas cosas que se ocultaron en este juicio alarmantemente
injusto –un juicio que deshonró, y continúa
deshonrando, el sistema judicial estadounidense- ésa la desconcertante
violencia que se produjo en la reserva de Pine Ridge y que condujo
directamente a los sucesos de aquel día. Esa violencia, dirigida
contra el pueblo de la reserva, había provocado antes la
tragedia conexa y mejor conocida que giró en torno a la ocupación
y cerco, en 1973 de la cercana Wounded Knee. Y esa violencia aumentó
enormemente en los dos años comprendidos entre 1973 y 1975.
En
el momento que se produjeron los sucesos Wounded Knee en 1973, habían
pocos agentes del FBI en todo el estado de Dakota del Sur, y muchas
veces solo uno. Pero en 1975, había 60 y se les desplegó
en forma aplastante en contra de una pequeña población
india. Durante aquellos dos años, mas de sesenta indios de
la Reserva de Pine Ridge –y hay quien dice que fueron trecientos-
habían muerto de modo violento e inexplicado, en su inmensa
mayoría como resultado de la actividad instigada por nuestro
gobierno federal. Y de esto hay pocas dudas.
Con
complicidad oficial, se brindo armas, entrenamiento y motivación
a un grupo paramilitar de delincuente que orgullosamente se dio
en nombre de GOON (guardianes de la nación Oglala), a fin
de crear una ola de violencia, que todavía se recuerda como
el “reinado del Terror”, contra los indios tradicionales
y sus partidarios, incluido el Movimiento Indio Americano (AIM).
Solo en marzo de 1975 fueron asesinados siete indios y sus muertes
apenas fueron investigadas a pesar de la presencia de un ejército
de agentes del FBI y otros agentes del orden federal, estaduales
y tribales. Debido a ello, los ancianos del pueblo Dakota (siux)
pidieron al Movimiento, como habían hecho dos años
atrás en Wounded Knee, que enviara a algunas personas que
los protegieran. Y yo digo: gracias a dios que el Movimiento lo
hizo.
Un pequeño grupo de miembros valientes y entregados del Movimiento
–menos de diecisiete personas y solo seis de ellas hombres,
entre ellos Leonard Peltier- llego a proteger a los indios tradicionales
de la violencia consentida e iniciada secreta e ilegalmente por
nuestro gobierno. Estos miembros del movimiento a los que se unieron
los tradicionales del lugar, armaron una ciudad de tiendas de campaña,
a la que llamaron “campamento espiritual”, en los lejanos
terrenos propiedad de Harrie y Celia Jumping Bull en Pine Ridge,
los ancianos que temían desesperadamente por la vida de sus
seres queridos debido a las constantes amenazas de los GOON.
Debemos
recordar que aquella fue una época de paranoia oficial, contra
todos los grupos disidentes que quedaban cuando la guerra de Viet-nam
tocaba a su fin. Todo esto guardaba relación. No debemos
olvidar nunca las desgarradoras palabras de Martin Luther King Jr
en 1967 cuando se pronuncio en contra de la guerra en Vietnam y
declaro:”el mayor proveedor de violencia en el mundo es mi
propio gobierno”. No cabe la menor duda de que nuestro gobierno
estaba generando violencia en aquella época contra los indios
tradicionales de Pine Ridge como forma de control y dominio, algunos
creen que actuando en nombre de intereses energéticos que
pretendían extraer las bastas riquezas minerales sin explotar
de la reserva en especial el uranio.
Ahora
sabemos, por documentos dados a conocer en los años noventa
con arreglo a la Ley de Libertad de Información, que el FBI
tenia gente en el lugar por lo menos veinte minutos antes de que
los dos carros que precipitaron el “incidente de Oglala”
irrumpieran en el complejo de Jumping Bull. El gobierno se había
estado preparando para una acción importante.
Durante
el juicio a Leonard Peltier celebrado en Fargo, Dakota del Norte,
en 1977, se excluyo gran parte de las pruebas esenciales, sobre
los antecedentes del caso. La mayor exclusión fue la de toda
esta violencia instigada oficialmente, que había dado origen
a la tragedia y conducido a la muerte de sus propios agentes. ¿Por
qué estaban allí aquellos hombres del Movimiento?
¿Por qué estaba allí Leonard Peltier? ¡Estaba
allí para proteger al pueblo, a su propio pueblo que estaba
siendo asesinado! Si eso es un delito, ¿Dónde estamos?
Pero
los delitos del gobierno no terminaron allí. El Gobierno
indujo a todo nuestro sistema de justicia, a cometer perjurio al
intimidar a una testigo, a una mujer india pobre e ignorante, para
que declarara que era la novia de Leonard Peltier y lo había
visto matar a los agentes… y luego se valió de este
testimonio para extraditar a Leonard del Canadá, a donde
había huido precisamente por temor a la clase de justicia
irregular y arbitraria que iba a recibir en los tribunales estadounidenses.
Como
bien sabia el FBI, esa mujer ni siquiera estaba allí, no
conocía o había visto siquiera a Leonard Peltier,
¡y el gobierno lo sabia! Todavía me asombra como hablan
de esa mujer y la culpan de no haber dicho la verdad. Por que, mucho
después que todo había terminado, admitieron libremente
que “no había un destello, ni una chispa de prueba”
–esas son las palabras que usaron- de que la mujer fuera testigo
de algo. Admitieron que ni siquiera estaba allí. Entonces
¿es acaso creíble que se presentara a ofrecer tres
declaraciones juradas de modo voluntario? ¿Qué soporto
esa pobre mujer a manos de sus interrogadores? ¿Qué
tipo de abuso? La misma clase de abuso y manipulación que
se perpetraba contra toda la población de Pine Ridge…
y por nuestros propios agentes oficiales. Piénsese como la
trataron para obligarla a brindar un testimonio totalmente falso
y valerse de ella para atrapar a Leonard Peltier y traerlo de regreso.
¡Que acción tan vergonzosa y criminal! Mientras todo
esto permanezca sin impugnación y castigo, todos nosotros,
cada ciudadano de esta gran nación nuestra, estamos sujetos
a la misma clase de injusticia manifiesta y arrogante.
Los
demás encubrimientos de los que se valió el gobierno
para encarcelar a Peltier son increíbles. El laboratorio
del FBI, como sin dudas habrán conocido, a sido objeto de
toda una serie de informes recientes que lo condenan por inventar
y falsificar pruebas y por incompetencia en su evaluación.
A un así, la naturaleza atenuante de la única prueba
en contra de Leonard Peltier es tan absurda que, de ser el laboratorio
competente u honesto, la supuesta prueba carecería de valor
alguno, el gobierno, al procesar a Leonard de forma fraudulenta,
encubrió informes de laboratorio en que se decía que
este no podía relacionar la única bala –ni siquiera
era una bala, sino un casquillo, un casquillo usado-, con lo que
recibió el nombre de “Wichta AR-15” la supuesta
“arma asesina”. Inclusive, el FBI dijo relacionar el
casquillo de bala AR-15 –que se sospechaba prueba inventada-
con ese AR-15, aun cuando su propio laboratorio decía que
no se correspondía, y oculto ilegalmente la prueba en contra
a todo lo largo del juicio a Leonard en Fargo. Incluso de haber
podido hacerlos corresponder, no hubieran podido poner el arma en
manos de Leonard Peltier y mucho menos demostrar que se trataba
del “arma asesina”.
Leonard
no estaba a 1500 millas del lugar donde, semanas después
del tiroteo de Oglala, se encontró el arma cerca de Wichta,
Kansas. En primer lugar, ¿Cómo paso este a ser un
rifle? Bueno para eso tenían un plan. El gobierno afirmo
que los indios solo tenían un AR-15 en la Reserva, pero eso
era totalmente falso, como ellos bien sabían. Y los tribunales
después confirmaron, sin asomo de dudas, que allí
habían varios AR-15 y también M-16, que disparan cartuchos
calibre 223, el mismo tipo de cartucho de alta velocidad que presuntamente
mato a los agentes del FBI.
En
el juicio seguido a Leonard, los acusadores oficiales reconstruyeron
una escena de la cual no tenían prueba alguna, una escena
imaginaria en que una gente, que supuestamente había sido
herido a distancia, se cubría el rostro con la mano, suplicaba
que no lo mataran y Leonard Peltier le disparaba y lo mataba, después
se volvía y disparaba y mataba al otro agente, ambos a quema
ropa. El único problema es que no había prueba alguna
de ello; ningún testigo declaró algo parecido, hasta
se intimido al jurado para que creyera esta historia totalmente
falsa.
Luego
en 1875, después que Leonard había cumplido diez años
de cárcel, uno de los acusadores del gobierno admitió
sinceramente: “no sabíamos quien les disparo a los
agentes”. Eso dijo: “no sabíamos quien les disparó
a los agentes”. ¡Han pasado más de otros diez
años y Leonard Peltier sigue aún en presidio! Está
allí, declarado culpable de dos cargos de asesinato y cumpliendo
dos cadenas perpetúas… ¡Por un delito que el
gobierno sabe que no pudo demostrar que hubiera cometido! Al encarcelar
a Leonard Peltier, quienes lo mantienen apartado de su pueblo, continúan
la deshonrosa y antigua política oficial de dominación
y opresión contra los pueblos indios. Leonard Peltier es
el mejor símbolo de esa dominación y opresión
sostenida. ¿es extraño que se le considere “preso
político”?
De
modo que incluso después que el gobierno admitió no
haber demostrado quien había matado a los agentes, en lugar
de hacer que se liberara a Leonard y abrir una investigación
sobre sus propias fechorías, pasó a un argumento nuevo
e igualmente fraudulento, con el propósito de mantenerlo
en la cárcel: lo acusó de “complicidad”
con quien supuestamente mató a los agentes. El jurado le
había impuesto doble cadena perpetua por que creyó
la historia inventada por el fiscal de que Leonard había
cecinado a sangre fría y a quema ropa a los dos agentes heridos,
no por un cargo de “complicidad” que pudo aplicarse
igualmente a veintenas de indios aquel día. Nunca lo hubiera
sentenciado al doble de su vida natural sólo por haber estado
en la escena de los hechos, como muchos otros, tratando de defender
sus ancianos, mujeres e hijos contra la ilegal y errónea
invasión del gobierno a los terrenos propiedad de Jumping
Bull.
En
realidad el gobierno no tiene que decirnos quien mató a los
agentes. Los documentos revelan que los funcionarios no saben quien
les disparó y no quieren que nadie más lo sepa. Desean
desesperadamente hacer creer al mundo que Leonard Peltier es culpable
por que en ello esta en juego su reputación.
El
presidente de los estados Unidos, en nombre de la justicia, puede
conmutar esa condena en el momento que lo desee. Tiene poder completo
y absoluto para ello con arreglo a la constitución. Debemos
exigir que lo haga, y exigir que sea este año, hoy mismo.
Todos y cada uno de nosotros debemos alzar nuestras voces en un
coro de millones, de decenas de millones.
Hasta
que esto se produzca, cada día es un nuevo crimen, cada amanecer
es un nuevo crimen, cada crepúsculo es un nuevo crimen contra
la dignidad de los pueblos indios y el honor de los Estados Unidos
de América. Por que mientras Leonard Peltier este en la cárcel,
todos nosotros lo estamos.
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