Lori Berenson

Lori Berenson es una activista social nacida en Nueva York, cuya vida adulta la pasó en América Central y del Sur. Actualmente cumple una condena de 20 años en Perú luego de una sentencia por presunta colaboración con el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA). Fue juzgada en un proceso carente de justicia bajo la universalmente repudiada legislación anti-terrorista peruana, que viola la ley internacional. Lori Berenson cree firmemente en la necesidad de trabajar por un mundo mejor para todos, por un mundo en el que sean respetados los derechos fundamentales de todos.

El gubierno de Estados Unidos, complice y indispuesto a solidarisarse con una conciudadana no alineada la maintuvo en el abodono mas profundo.....

 

Pensando en las y los Prisioneros de Guerra

Hace algunas semanas cuando recién se iniciaba la invasión a Irak, fueron capturados algunos soldados de la coalición anglo-estadounidense. De inmediato el gobierno estadounidense puso el grito en el cielo al ver las imágenes de estos prisioneros de guerra en la prensa árabe y exigieron que se respeten los convenios internacionales sobre los prisioneros de guerra.

Para la gran mayoría de seres pensantes de este mundo, el respeto de los Convenios de Ginebra sobre las y los prisioneros es una exigencia para todas las partes de un conflicto. Demandamos ese respeto.

Sin embargo, solo días después veríamos cómo los soldados norteamericanos ataban de manos a militares y civiles iraquíes y lo echaban en camiones, para luego llevarlos con rumbo desconocido. Tratar a una persona como si fuera un objeto, es de por sí un trato inhumano y degradante que viola los convenios internacionales. Nos preocupa aún más qué les podría haber pasado a esas personas cuando no estaban en la mira de los periodistas.

Personas detenidas en todo el mundo han sufrido los maltratos y torturas más brutales y salvajes a través de los tiempos. Prueba de esta política demente podría ser encontrada visitando cualquier cárcel, especialmente las cárceles en donde recluyen a presos políticos o prisioneros de guerra.

¿Los derechos de los seres humanos existen? Pareciera que primero estaría el “derecho” que sienten tener los poderosos para hacer y deshacer como les plazca con las vidas de otros. La hipocresía de aquellos que exigen el respeto de los derechos humanos mientras que ellos mismos lo violan es aún otra ironía que causa tristeza, ira y asco.

Sentimos mucha indignación al ver esta hipocresía, no sólo las imágenes filmadas de los prisioneros de guerra iraquíes que hemos presenciado gracias a que las cámaras de la CNN que no sufrieron los ataques que sí sufrieron las de la cadena Al-Jazeera, sino también saber que miles de personas fueron detenidas en los EE.UU. en la víspera de la invasión y sin saber en qué condiciones se encuentran.

Hace más de un año, el mundo pudo ver unas pocas imágenes del horrendo traslado de prisioneros de guerra acusados de ser Talibanes a la base militar estadounidense en Guantánamo, Cuba. Nadie sabe lo que sufren en este centro de detención, así como la opinión pública desconoce el paradero de los miles de detenidos en los Estados Unidos luego del ataque al Centro Mundial de Comercio en Nueva York el 11 de Septiembre del 2001.

Me recuerda la situación carcelaria en el Perú luego del autogolpe de Alberto Fujimori en Abril de 1992. Nadie tenía acceso a los prisioneros políticos, y no se sabía lo que sucedía en los penales, ni mucho menos lo que sufrían los detenidos en los cuarteles de las Fuerzas Armadas y policiales durante los “interrogatorios científicos”cuando torturaban a los detenidos (hecho común que sólo se reconoce últimamente como “exceso”). Al encontrarme también como prisionera política, mi preocupación sobre estos detenidos es más fundada; una conoce la cruda realidad de encontrarse en manos de un sistema que no solo detesta al prisionero sino que lo ve como algo menos que humano.

Tengo muy presente una imagen del trato que se da a los prisioneros de guerra. Durante la ofensiva militar de la entonces guerrilla Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en el Salvador en Noviembre de 1989, el Ejército Salvadoreño mostró a la prensa a un combatiente revolucionario capturado. Presentaron a ese joven y muy maltratado combatiente con sus manos atadas a la espalda, empujándolo para acercarlo a las cámaras como si fuera un objeto o un animal. En el pecho desnudo del guerrillero, habían hecho una serie de cortes para deletrear la palabra “TERRORISTA” en letras grandes de 5 a 7 centímetros cada una.

No sé si sobrevivió ese joven, pero lo que sí sé es que para ese entonces, el gobierno de los Estados Unidos proporcionaba sumas exorbitantes (miles de millones de dólares al año) a las Fuerzas Armadas salvadoreñas, mientras que militares estadounidenses participaban directamente en el entrenamiento de las tropas salvadoreñas. Al igual que en el caso de los militares de toda Latinoamérica, oficiales de las fuerzas policiales y militares salvadoreñas iban becados a los cursos dados en la Escuela de las Américas, verdadera escuela de tortura actualmente ubicada en los mismos Estados Unidos.

Me pregunto si los oficiales a cargo de los soldados que cortaron el pecho de este prisionero de guerra habrían estudiado cursos de "contrainsurgencia" en aquella academia en donde miles de militares vienen "perfeccionando" sus métodos para causar abominables sufrimientos a las y los detenidos.

Todo esto lleva nuevamente a convencernos de la necesidad imperiosa de cambiar estas cosas y no permitir que la historia siga repitiéndose. Es necesario que haya cada vez más conciencia sobre la sistemática violación de los principios éticos y morales y de los derechos más fundamentales que tenemos por igual todos los humanos. Mejor dicho, que debiéramos tener todas y todos por igual.

Modificar esto requiere que en todo el mundo las personas se unan contra la injusticia y la inhumanidad. Una responsabilidad aún mayor recae sobre el pueblo de los Estados Unidos, teniendo presente que muchas barbaridades se cometen en nombre de los "intereses supremos" de su país, y por ende directamente de su población. Esta es una obligación moral de toda la humanidad.

Carta Abierta de Lori Berenson

Cajamarca, Diciembre 2004


Finalmente la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) emitió su fallo sobre mi demanda contra el estado peruano. Contra lo que todos esperaban, la CIDH dio la razón al estado peruano en una decisión que en definitiva es más política que jurídica.
Hasta hace unas semanas atrás, el propio estado reconocía que era probable un fallo adverso para ellos de parte de la CIDH, y entonces se inició una campaña de desprestigio contra mi persona. Campaña basada en mentiras que lo único que pretendían era crear en la opinión pública la sensación que yo era un problema para el país y que un fallo favorable para mi, significaría el retorno automático del terrorismo.
El tema de la violencia política en el Perú es y seguirá siendo un tema pendiente mientras los gobernantes no le den el tratamiento adecuado, mientras se siga negando la necesidad de abordar desde sus causas y recogiendo la opinión de todos los actores. Pero la práctica en los últimos tiempos es utilizar el tema de la violencia como pretexto para adoptar medidas represivas contra quienes se atreven a cuestionar el modelo neoliberal y los abusos que conlleva. El informe y las recomendaciones de la CVR sobre el tema, lejos de convertirse en un punto de partida para una reflexión mas integral sobre la violencia vivida y la razón para la existencia de grupos subversivos, se ha convertido en un soporte más para la política represiva del gobierno.
Una muestra de como está funcionando la justicia en el Perú es el tratamiento que viene dando el poder judicial a los funcionarios estatales responsables de crímenes de lesa humanidad para quienes si se tienen todas las consideraciones y el trato judicial y penitenciario es privilegiado con relación a las miles de personas encarceladas en el país.
Soy conciente que existe un orden mundial construido impuesto sobre la fuerza de las armas mediante la destrucción y muerte de miles de personas en nombre de una guerra contra el terrorismo o “el eje del mal” como también se ha venido a denominar a la prepotencia y el abuso contra los pueblos del mundo. La CIDH no es ajena obviamente a las abrumadoras presiones políticas y así entendemos la sentencia emitida en mi caso.
Al fin y al cabo para mi es un honor encontrarme entre los millones de mujeres y hombres que estamos encarcelados por cuestionar un sistema de injusticia y buscamos cambiarlo por otro más justo. Es un honor igualmente y me digna vivir –aun encarcelada- en este hermoso país en donde se siguen desconociendo y desatendiendo los derechos de la población. Un fallo desfavorable no me desalienta ni me hace perder la confianza en que con la dignidad y la nobleza del pueblo peruano, con su gran capacidad de lucha, se ira construyendo y forjando un Perú digno en un mundo digno en donde prime la igualdad y la justicia social. Donde nos hermanemos en una sola voluntad, un solo puño para erradicar el salvajismo neoliberal y la injusticia globalizada.
Estoy plenamente convencida que ese día llegará por que desde ya, con coraje y ternura, estamos sembrando las flores y la belleza del futuro.

Lori Berenson


 
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