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Un cuento y una confesión


Por Narciso Isa Conde

El cuento esta dirigido a los peores enemigos de nuestro pueblo y reza así:

“Había una vez un general gringo de nombre Ken Keen que inventó algo muy superior al helado en palito y al hilo en bollito.”

“Tanques de Guerra que hacían las veces de tractores y rodillos usables para nivelar terrenos y abrir trochas. Rifles tipo Robocop, empleados para introducir clavos en madera y en cemento armado. Balas que se convierten en inocentes tornillos y clavos de zinc.”

“Helicópteros artillados para trasladar albañiles, carpinteros, topógrafos, ingenieros y arquitectos bajo estrictas medidas de seguridad. Aviones de guerra que cargan varillas, cementos y bloks. Fragatas y lanchas repletas de cañones y cohetes exterminadores de moscas, mosquitos, y otras plagas feroces.”

“Furgones verde olivo lleno de planas, niveles, serruchos y martillos; pata de cabras y cinceles de último modelo. Oficiales y soldados que nada tienen que ver con el arte militar y si con la voluntad de asistir a los desválidos habitantes de estas irredentas tierras caribeñas y americanas.”

“Ken Keen patentizó sus inventos en la oficina de Donal Rumfelds e hizo que George W. Bush bautizara su empresa con el nombre “Nuevos Horizontes”.”

“Poco después firmó un contrato para construir escuelitas rurales, caminos y policlínicas con un gobernador de una de esas islas caribeñas habitada por tribus pertenecientes a las etnias de los “tontos” y los “imbéciles”, según rezaba en los archivos del Pentágono y en los libros de las bibliotecas del Comando Sur.”

“Todo marchaba a todo dar hasta que los (as) tontos (as) e imbéciles sacaron unos carteles que decían: ¡Caamaño vive!. Y comenzaron a gritar: ¡Yanquis terroristas, este pueblo es Caamañista!, hasta atreverse a vocearle al grupo de “pacíficos” constructores: “si los gringos no se van, en quisqueya morirán”.”

Hasta aquí el cuento.

Y de inmediato mi confesión ante el altar de ciertos “neopacoredos”, que vestidos de seda dentro de la FR, ahora se han dedicado a la perversidad de ponerle puntos suspensivos a mi trayectoria de lucha, a atribuirme cansancio, a atribuirme trastornos de no se cuantos órganos vitales y a calificar ahora de “rosado” el mismo discurso que le ganó a la Fuerza de la Revolución (FR) una significativa autoridad moral y simpatía política en el pasado reciente.


Todo esto por el hecho de declararme independiente de un conjunto de dirigentes que frustraron las posibilidades de desarrollo de esa organización e impusieron a nivel interno un proceso de degenerativo.

Me confieso intolerante frente a la simulación capaz de aprobar políticas renegando en la práctica de ellas.

Intolerante de la miopía que conduce a no apreciar el estancamiento de las estructuras partidistas mientras las ideas de izquierda y el pensamiento revolucionario crecen en la sociedad y conforman una gran izquierda sin partido.

Intolerante frente a los que aceptaron plantear la nueva democracia y el nuevo socialismo, abrir las compuertas del partido a la Juventud Rebelde y al movimiento Feminista para luego calificar de discurso “rosa” (no rojo) toda actitud de aprecio por esas expresiones contestatarias. Frente al hecho de que la dirección nacional de un partido revolucionario después de 10 años de fundado, no tenga en su seno una mujer ni una persona de menos de 30 años.

Muy intolerante frente al chisme y la diatriba contra compañeros (as) de filas.

Super intolerante frente a cuadros políticos que maltratan sus compañeras.

Intolerante frente a la tolerancia de la delincuencia militarista y lumpenil.

Muy intolerante frente a los simulación y la doble moral.

Intolerante frente al plan de hipotecar la histórica casa de ladrillo de la Independencia 258

Intolerante tanto frente a la chapucería militaroide (viejas concepciones en los años 60’ y 70’) como frente al oportunismo electoralista

Intolerante frente a los abogados con militancia en las izquierdas que se atreven a defender a narcotraficantes y delincuentes de otro tipo.

Intolerante frente a la indigencia teórica y política. Frente al dogmatismo y la resistencia a apreciar que el imperialismo y el capitalismo de hoy son peores, pero diferentes; que los sujetos sociales y políticos de la revolución han sufrido cambios espectaculares y que el proyecto socialista debe ser renovado.

Intolerante frente al seguidismo aun sea a la admirable Cuba revolucionaria; frente al autoritarismo o al despotismo a nombre del socialismo, aún lo practique Kim Song Il en Corea del Norte, respetable por su antiimperialismo.

Pero un intolerante que nunca ha expulsado sumariamente a nadie, que no quiso ser Secretario General ni Coordinador eterno, que siempre propicio el debate sano y con altura, y la conducción colectiva.

Y a quien los detractores de hoy querían proclamar “jefe o líder del partido” y nunca acepto; y cuyas cartas, artículos y libros no se han atrevido; no han podido, ni rebatir ni desmentir.

Y después de todo esto me confieso “inflexible” y “carente de humildad” por no tolerar las inconductas de quienes han degradado políticamente y éticamente la organización que juntos fundamos con otros fines


 

     

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